viernes, 18 de noviembre de 2016

EL LÁPIZ


Un gesto de complacencia se dibujó en el cuerpo del historietista cuando vio que el lápiz bosquejaba sobre el papel una sonrisa bonachona en la cara del  villano.  Al  fin había logrado  vencerlo, se dijo. Sin demasiados firuletes el bien se había impuesto y la humanidad podía respirar aliviada de una punta a la otra, fuera de peligro por los siglos de los siglos. Al menos  algo  así  pensó  el  creador  de  la  historia,  puesto  de  perfil, creyéndose a salvo, apenas unos pocos segundos antes de comenzar  a  escuchar  los  pasos  acercándose.  Cuando  giró  la  cabeza,  el tablero  se  sacudió  y,  muy  a  su  pesar,  sin  atinar  a un  bosquejo  de defensa, el entorno comenzó a desdibujarse y a rumbear para el la-do equivocado, el de la maldad sin nombre ni límites ni compasión, que en seguida se delineó en la cara del dibujante y quedó plasmado  en  la  representación  de  un  enorme  ceño  fruncido,  a  punto  de quedar afuera del cuadrito correspondiente, en una acción que forma parte de otra historieta que    aún  está  por  esbozarse,  según  alcanzó  a  decirse,  todavía  con  las  palabras  dentro  del globo.

Mario Capasso
Publicado en Estrellas poéticas 60

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