Ando sola conmigo
y no hay otra más que yo.
Ahora viajo sola
pero puedo estar en todas partes.
Qué más mi alma puede pedir
que admirar flores abiertas
Ya el pan se perdió en el camino.
El sudor regó el cuerpo.
El dolor blandió su espada.
La materia se volatilizó.
Qué más mi alma puede pedir
que la libertad del que vuela
como nube llevada por el viento.
Extraviado el pensamiento
y puesta a prueba la razón.
Erro cuando callo.
Erro cuando hablo.
Y grandes puertas se abren
y nadie tras ellas.
Fui y retorné.
Larga noche sin sonidos
dice lo que pienso:
“Rama desnuda,
¡cuán fría es tu escarcha!”
Norma que perdura
para el que cruza sin razonamiento.
Frialdad sin juicio claro,
enfermedad de la torpe mente
que ajena de significado,
perturba la paz y nada gana.
Ando con las manos vacías.
Marcho a pie por el camino que se abre.
Soledad inmensa.
Huida calva a una libertad necia
que en la espalda lleva,
pesado saco oscuro
y filas de cerradas vergüenzas.
¿Dónde quedó el canto?
Ana María Lorenzo
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