jueves, 5 de marzo de 2015

UNA LARGA TRAVESÍA HASTA EL ÚLTIMO POEMA DE ESTE SIGLO


Náyade, cabalga sobre mí dueña de la vida
no necesitas montura, trampas, ni milagro.
Córtate cualquier prejuicio.
No soy labrador de otro mundo
ni hablo desde profundidades antiguas.
Vengo de un pueblo tímido de mapas
olvido del viento rasante y fiebres de ciudad.
En mi casa no existen leyes,
esas desprecian a los hombres.
De la niñez,
conservo desordenados tatuajes por las paredes
porque colgar un cuadro es aburrir el tiempo,
capítulos impublicables –entre otros escritos-
que no pagaré derechos de autor
y ciento dos naves fenicias defendiéndome de dioses,
por suerte mortales.
Puedo asegurarte que soltar amarras
es naufragar sin revanchas.
Cada despedida un destierro
como irse a empujones
a peregrinar promesas
cuando todos los rumbos agoten sus caminos
plagados de esperanzas.
Juntos aprenderemos
que la mejor oportunidad es perfilar un camino
porque el amor vuela a corto plazo
y nos deja las venas llenas de sed.
Que emigrar es nacer un poco más tarde.
Un epitafio, una prórroga al recuerdo.
Y como sabe más el que habla a sus silencios
mientras vence
quien sabe hablar a los demás.
Cuando tenga barca y naufragio
llevaremos la vida para no esperar
por ningún boleto del pasado, que es el olvido.
Una mezcolanza de acontecimientos casuales.
La oreja degollada de Van Gogh.
Algunos libros de poemas
y cosas imprescindibles,
como incienso por quemar.
Dejaremos intactos los domingos
y la agenda vacía de teléfonos;
porque la amistad navega en velero frágil
con sueños ortodoxos y vanidad de profetas.
Libera cintas, cuelga la vergüenza y el asombro,
ya no quedan pudores inútiles
por tantos siglos de impotencia.
Luego, déjame llorar sobre tu vientre
los demás días no importan,
todos se fabrican iguales.
Ven, no temas, la realidad es mágica
y cabe en gotas de agua.

JUAN CALERO -Cuba-
Seleccionado por Claudio Lahaba

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