jueves, 5 de marzo de 2015

RETRATO


(Rememorando humildemente el de don Antonio Machado…)

Son niños mis recuerdos dormidos, que me empujan
a un patio con macetas, dos gatos y una fuente
con peces de colores, columnas poderosas
y un aljibe profundo con el eco encerrado.
"Mi infancia son" pasillos, gastados escalones
entre el patio y las clases en horas del recreo;
albórbola risueña de canciones y gritos
rebotando desnuda sobre las aspidistras.
En colegio de niñas, tiernas, rosas y dulces
-único bucanero entre las amazonas-,
me hacían prisionero, sin resistencia apenas,
para lograr el premio de algún beso robado.
"Mi infancia son recuerdos" de niño, con Granada
por los ojos del alma y del cuerpo estrenado,
que siempre terminaba atado dócilmente
a las columnas blancas por manos diminutas…
"Mi juventud veinte años" frente a la mar de Cádiz,
rodeado de buques militares y hembras
con el amor crecido y los besos amables,
unas veces robados pero siempre sinceros.
Con algo de Don Juan, mas nunca Burlador,
fui conquistando dulces cinturas femeninas
sin presentir en celo que era yo el conquistado
por cuantas acercaron su aliento a mi suspiro…
Navegan por mi sangre con rumbo firme y cierto
Amor, Fe y Esperanza, hechos nobles bajeles,
que mis padres supieron fletar con singladuras
predefinidas para responsabilizarme.
Gracias a sus desvelos y a la clarividencia
que Dios sembró amoroso por los surcos de mi alma,
esposa e hijos, nietos, familiares y amigos
han brotado en mi vida cual frutos deseados…
Evito el ocultismo de crípticas metáforas
al uso, o de palabras rebuscadas y absurdas,
con las que se pretenden aplausos lisonjeros
o dulces vanaglorias de técnicos sutiles.
Mis versos nacen puros, libres de artesonados;
íntimos, compartidos, fieles a la experiencia,
que conmuevan el alma de lectores sencillos
y no busquen aplausos vacíos que los paguen.
Dios, padres y familia son los puntales firmes,
sostenes del conjunto de todo "cuanto he escrito",
que no son más que hileras amables de palabras;
"al cabo" ni siquiera pueden llamarse versos.
No denuncian ni aplauden, sólo exponen mi vida
y cuanto en ella late, sin perseguir más gloria
que la fugaz memoria de momentos gozados
o tristes desencuentros de ausencias obligadas…
A veces hablo solo, meditando pasados;
en otras me arrepiento contrito humildemente
de no haber escuchado, sordo, al Dios que me habita
y ser ciego a las luces que encendió en mi camino.
Por eso le hablo quedo, antes que me arrebate,
y el corazón amante, torpe y traidor a veces,
lo vea cara a cara sin saber qué decirle
pero siempre soñando que su abrazo me acoja…
"Y cuando llegue el día" redentor y sublime
del final de los tiempos que me fueron prestados,
cuando sienta las voces de la sangre cautiva
y deslumbren mis ojos relámpagos divinos,
embarcaré en la nave, llevando de equipaje
la Fe que me hizo hombre ciudadano del mundo,
vistiendo de Esperanza mi desnuda osamenta
y las manos repletas del Amor que me aguarda.

Luis Carlos Mendías Márquez (Cádiz-Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 25

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