Dibújame la tarde, su tristeza,
como un círculo oscuro,
como un cuarto interior,
como un charco de luz patas arriba.
Dibújame el silencio, nuestras manos,
como un balcón al borde de la noche.
En todas las ciudades
hay un parque en mitad de la esperanza.
Desde aquí, sin embargo,
veo crecer la niebla en las paredes
como si aún pudiera hacerlas habitables
y acaricio los ecos que dejan mis pisadas.
Donde acaban las voces, los jardines
y esa forma tan frágil de estar viva,
hay un hombre que pinta sobre un puente
con los ojos cerrados.
ANA GARRIDO -Madrid-
Publicado en la revista La Alcazaba 61
No hay comentarios:
Publicar un comentario