Mi querida tía Eutanasia, hay que reconocerlo, era una persona negativa. Apartada de todos, su vida giraba en torno al juego de la lotería. Pero no aceptaba correr los riesgos propios del azar. Entonces ideó no comprar billetes pero anotar el número. A ése, le jugaba a perder. Tía Eutanasia, después del sorteo, consultaba con ansiedad la lista de premios, muy contenta de no haberse sacado ninguno. ¡Hoy me gané los tantos y tantos pesos que he jugado a no ganar! -exclamó una y otra vez.
En una palabra, al perder, ganaba; al ganar, perdía. Pero la suerte acabó jugándole la mala pasada que era de temerse: el número elegido ¡resultó con el premio mayor!
Fue con cianuro el -¡ay!- último acto negativo de mi querida tía Eutanasia.
Marcos Winocur (México)
Publicado en la revista Arena y Cal 209
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