Unos gusanos con forma de ganzúa babosean las arenas movedizas de mi cerebelo.
Vierto un cubo de ceniza fría contra las arenas movedizas y escondo uno de los gusanos entre mis labios.
Mordisqueo sus patas que parecen sonetos y escupo un trozo en un barreño lleno de yeso y cal.
Los trozos que me quedan en la boca gotean mientras los envuelvo en saliva.
Entierro el amasijo de serrín.
Así me siento.
A veces.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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