Unos candados en el suelo.
Unas cajas abiertas.
Un fuerte olor a quemado.
Unos papeles ardiendo
en la papelera.
Una sonrisa enloquecida.
Una cara desencajada.
Una mirada perdida.
Años de trabajo hechos ceniza.
Miles de sentimientos perdidos.
Nadie gozaría con la belleza
de sus poemas incendiarios.
Éste era el fin de un poeta.
La locura había vencido.
No consiguió cambiar el mundo.
Le habían vencido pero...
... aún quedan muchos poetas.
JOSÉ LUIS RUBIO
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