Guardaba una letra. Parecía a un secreto.
Guardaba la voz, como un secreto a la propia palabra.
Se hizo verso cuando el secreto se escondió en la propia palabra.
Se descifró en el momento que voló hasta tus ojos.
Se convirtió en caricia cuando llegó a tu oído.
Fué libre cuando se petrificó en un papel, y quedó eterna en el poema de mi propia saliva...
ISABEL REZMO
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