No hay por qué temerle a la muerte.
Ella vayviene con nosotros, aprendemos
Juntos hasta que, sin prisa, nos fundimos.
No hay por qué temerle a la muerte.
Ella nos sobrelleva y nace al instante.
Es un ángel al que le asignamos esa desdicha.
No hay por qué temerle a la muerte.
Es una niña oculta que se asusta
de los hombres que la siembran.
No hay por qué temerle a la muerte.
Es, apenas, una danza sutil
enhebrada en la luz.
No hay por qué temerle a la muerte.
No existe sin nosotros.
OSCAR AGÚ -Argentina-
Publicado en la revista Gaceta Virtual 90
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