En nuestro cotidiano vivir, recibimos innumerables ofertas de teorías científicas o propuestas varias para ayudarnos a vivir y darle un sentido positivo a todas las cosas.
Y nos tientan con propuestas para resolver cuestiones fundamentales de nuestra vida.
En estos tiempos tan controversiales donde todo tiene un precio, y todo se comercializa y se consume, intentan convencernos que las respuestas a las cuestiones de la vida las solucionamos adquiriendo estas ofertas vivenciales.
Pero actuemos con cuidado, consumir tales ofertas tal vez es responder con muestra humanidad y perder el sentido común a las cuestiones de la vida, en su profundidad, y sin el criterio propio.
Ergo, debemos utilizar nuestro sano y propio sentido común en defensa de nuestro razonamiento puro.
Pienso que las verdaderas fuerzas vivificadoras están dentro de nosotros mismos, que nos activa la vida y nos desarrollan las potencias espirituales, anímicas y corporales.
Debemos usar nuestras aptitudes sensoriales: tenemos oídos para escuchar y ojos para ver. Podemos percibir el perfume de una flor o el de una piel, podemos sentir la suavidad del pétalo de una flor o de unos labios, podemos apreciar la belleza en toda su magnitud y el sabor de la miel.
Estas aptitudes, muchas veces emocionales y arraigadas en nuestra humanidad, nos capacitan para sentía la empatía con nuestros congéneres, interesarnos en el otro, confiar y amar, pero también para ser críticos, conocer el dolor, la alegría, el amor, y luchar por la verdad y la injusticia.
Estas actitudes vienen de nuestro interior y forman parte de nuestras vivencias y nuestro ADN, y cuando las practicamos se potencian y nos mantienen vivos y en la lucha ante las adversidades, aun cuando nuestras fuerzas físicas se sientan agobiadas y agotadas.
Todo esto forma parte indubitable del arte de vivir, con ideas, experiencia adquirida y razonamientos prevalentes, y con una madurez creciente en nosotros mismos, frente a la BIOFILIA”, que es el amor a lo vivo.
Darnos cuenta que el amor a lo vivo es indispensable para el éxito en la vida y el fruto del esfuerzo de esa misma vida, aunque a veces nos parezca duro, muy penoso y nos desilusionemos, seguramente esto nos permitirá adquirir nuestras propias vivencias y una riqueza espiritual e intelectual, que no es otra cosa que la quinta esencia de la propia experiencia, y muy válidas para todos los que busquen lo simple, lo hermoso y lo vivo del ser humano.
Manuel F. Romero Mazziotti -Argentina-
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