sábado, 11 de abril de 2020

EL ANCIANO DE LOS CHISTES


Aquella tarde, camino de casa, después de una agotadora jornada en la Universidad, un anciano me paró. No lo conocía. Pensé que me iba a pedir dinero para un café o para un viaje. Ya me había pasado otras veces. Pero esta vez el anciano me pidió que escuchara su último chiste. Aunque no estaba mi ánimo para chistes le dije al anciano que me lo contara. Fue un chiste dramatizado que me arrancó más de una carcajada. Me hizo recuperar el ánimo y cuando llegué a casa me sentía feliz. Era cierto que una sonrisa alivia las tensiones.
Durante un mes nos encontramos en el mismo sitio y sus chistes siempre aliviaron mi mente cansada.
Unos días de vacaciones interrumpieron los encuentros. Cuando volví al camino no me encontré con él. Pregunté en bares y tiendas. En todos la misma respuesta. “Se despidió hacía quince días.”
En un descanso de las clases en el bar de la Universidad escuché comentar de un viejo que contaba chistes que les hacía recuperar el ánimo. Quise saber más y les pregunté donde lo habían visto. Me dijeron que en su barrio pero que hacía unos días que dejó de abordarlos. Esto me hizo suponer que el anciano cambiaba de lugar cuando creía que su misión de alegrar la vida a la gente estaba cumplida.
No volví a verlo aunque supe que seguía yendo de barrio en barrio contando sus chistes.

JOSÉ LUIS RUBIO

No hay comentarios:

Publicar un comentario