La tarde amontona la languidez, en la quietud,
se abrazan los árboles en las sombras;
la esfera helada ambula en plenitud,
chispa fugas, en el cielo te retorna.
Las ratas de mi tiempo, comiendo las horas,
aljibe en despojos, rondana difunta,
tus besos de ayer, coloreados cual moras;
las palabras de tu boca, mi ser no junta.
Rincón azabache, la prescripción de luz;
en la cocina, el vacío sin sabores.
Después de aquel día, solo fuiste tú.
¡Mujer! Eras el arco iris… mis colores.
Estoy quebrado ¡Señor! Pero no vencido,
corriendo camino a casa, alguien ha pasado,
frío invernal, escarchado amor querido.
Desolado contigo… ¡No te he olvidado!
Del libro Bosquejo de
Raúl Ignacio Lario -Argentina-
No hay comentarios:
Publicar un comentario