jueves, 16 de abril de 2020

CÓMO NACIÓ LA RISAS


Las mañanas eran tan claras y tan frugales en el Edén que Adán y Eva nuestros padres, después de maravillarse a diario con el canto exquisito de las aves, el cristalino exquisito sabor del agua, la exquisita compañía de las aves y el paisaje exquisito, ya se estaban aburriendo, entonces empezaron a saciar su desazón probando cada fruto y corriendo aquí, y allá y les gustaba rozarse los cuerpos al rodar por el pasto.

Ese contacto les emocionaba.
Eva sentía un cosquilleo delicioso y extrañó,
Adán un calor interior desconocido,
y que decir cuando sus cuerpos quedaban encimados en sus juegos y sus bocas muy juntas.

Habiendo probado todas las frutas no se saciaban, ni el néctar de las flores ni el agua del fresco arroyo ya su sed mitigaba.

Esa mañana Eva se despertó hambrienta miró con deseo una exhuberante roja brillosa manzana en la rama más alta y empezó a escalar por las ramas.

Adán se despertó con el ruido y vio desde abajo trepar el tronco a su compañera, desde su posición las curvas de Eva lucían divinas y más porque la hoja de parra se alzó un poquito.

Adán sintió sus músculos endurecer y el instinto de macho lo poseyó por vez primera, de un salto se levantó y más hábil que un chango de otros dos saltos ya estaba en la punta del árbol y arrancando aquel fruto que tanto se le antojo a Eva, le gritó triunfante: tengo lo que deseas.

Entonces pegó un brinco con el jugoso fruto en las manos, Eva estaba entusiasmada y brincaba de gusto, cuando Adán, fruto en mano cayó al piso también se le cayó la hoja de Parra y le dijo a Eva: mira lo todo lo que te vas a comer, y Eva no vio la manzana sino la diminuta protuberancia que tanto Adán ocultaba, no se pudo contener y así nació la risa.

Carlos Martínez Villanueva.

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