jueves, 3 de noviembre de 2016

TUMBA

Tumba sombría
me cobija en su seno
como si no tuviera otro remedio,
sus brazos lánguidos
me atrapan,
en vano se esfuerzan
porque no me vaya.

No quiero escapar
de torvo espacio
observo en su regazo
el paso de mi vida,
no puedo evitar
tanto cansancio
creo que ha llegado mi partida…
Veo claramente
desde el cristal de lápida
mi alma desgastada
en nimias tonterías
mi sombra mancillada
en pleitos sin sentido
mi luz yace apagada
en gritos y gemidos
proferidos en vano,
en  juicios y prejuicios.

Mis sueños ahuyentados
 por el espectro del miedo
mi aura perforada
por emociones sin cielo.
Un árbol se inclina
hacia mí, a sentirme
ahoga una risa,
de la existencia es cómplice
sus ramas me miran
movidas por la brisa
cautivadas por el llanto
de mi desasosiego.

En un sollozo, extraño
el canto del jilguero
mas la presencia impera
del adusto silencio…


Mis lágrimas añoran
mirar el sol naciendo
mas aunque es grande anhelo,
mis ojos están secos…

Extraño percibir
en campiñas de colores
 mariposas aletear
entre pequeñas flores.

Mi nariz descarnada
no disfrutará de aromas
ni tocaré a mis hijos
con mis marchitas manos.

 Jamás veré sonrisas,
 jamás veré el rocío,
jamás oiré canciones,
jamás sentiré frío.

No degustaré
licores almendrados…
No respiraré
azahares perfumados…

No más mi boca inerte,
alentará bondades
y este cuerpo muerto,
de consumido hálito
jamás disfrutará
 del deleite a raudales…

Si tan solo un destello
me dijera, aún hay tiempo…

De agradecer el día,
de bendecir al viento,
de disfrutar la vida,
de amar cada momento,
de proferir palabras
de verdadero aliento,
de abrazar despacito,
de besar sin miramientos,
de mirar a los ojos,
de ayudar con contento.

Si tan solo un indicio
de fe hubiera en mi lecho…

En este tálamo rígido,
en esta tumba fría…

Bailaría por siempre,
aunque me llamen ida
sonreiría a todos,
aunque orate me digan          
vería siempre a los ojos,
escucharía atraída,
saborearía completo,
gozaría complacida,
palmearía más espaldas,
 le cantaría al tiempo,
emprendería mis sueños,
disfrutaría en portento.
Si tan solo un atisbo
de esperanza me dieran…

Si solo me dijeran:
 Tu  muerte fue entelequia,
de ahí me aferro a existir:

Diría  adiós, a la lúgubre huesa.
Diría adiós, a la cripta sombría.
Diría adiós, a esta tumba podrida.

Y diría ¡Sí a la Vida, Sí a la Vida, Sí a la Vida!

Del libro Anhelhadas de AMARANTA MADRIGAL -México-

No hay comentarios:

Publicar un comentario