Mi madre separa los desechos vegetales
para tirarlos en los panteones
que ocupan el jardín.
Son dos rectángulos que albergan huesos
de aceituna, corazones de palta,
ojos de papa, esqueletos de púrpura.
Los ocupantes están cubiertos
de moho blanco y verde.
Las tumbas huelen a trago dulce.
Sé que en la calle las ratas hurgan
cuerpos de jebe, mientras en casa la nube de moscas
viene al asalto de mi cabeza.
Carlos Llaza -Perú-
Publicado en Periódico de poesía 92
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