lunes, 7 de noviembre de 2016

¡MADRE!


Una sola espiral de tu mirada como trémula hoja
aferrada queda con tu aliento ¡ya como brote del espíritu!
en la sensible madrugada ¡codo con codo cómplice!
¿Qué fecha tiene la sentencia?
A pesar de la ira la gravedad como láudano
queda embalsamado de padecimiento al aire,
nodriza de proverbios del sentido de la ausencia.

Mientras, como parte tuya los epígrafes coronan lo natural e inevitable,
¡el paradigma del vacío!
Se ha iluminado la hora
¡y la mañana le ha sacado al grito el dolor del llanto!

Hoy eres hélice de identidad, sonámbulo flujo de vida
y tu riada de orgullo aval de tus augurios
y un azar de alas embravecidas voz de un clamor sobrehumano.

Mientras, los arrumacos de una luna indivisible vuelan con estruendo
hacia un rayo a brindarle ayuda,
el amor salpica y enardece las adelfas de un huerto de halos.

Proverbial amor en su albor
que desnuda promesas de prodigios
donde el relámpago, el cuerpo y la siembra
sublimes y ajenos dan fe de la metamorfosis.

Mientras, el plateado desquite de los confiados designios a tientas
se ha sentado en la virtud de una luciérnaga
por si una nube negra oscurece el alba.

¡Madre! el cultivo te paraliza las piernas,
paradoja de la señal de angustia,
rastrojo de fulgores calcinados
en tu dilatada raíz que reclama magia.

Mientras, intercede un mar
de un frio que zarandea el aliento,
¡anclado corcel!
que tapiza de azul mito un cielo labriego y fiero.

Espectro cerebral en un sumergido desplazamiento
que clama manantiales de desnudas imagines,
¡ramos con auroras de lunas llenas!
sueño ceñido a la integridad de mil papiros
cuya receta repiquetea como huella
talismán medular flotando en ella misma
como devenir del tiempo.

Manuel Vílchez García de Garss

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