Hay un ácido
que sale del hígado oscuro
al tiempo crudo
de alzar el vuelo acerado
toda desdicha,
¡qué venga la plaga!
Hambruna
langostas de la luna
penumbroso vates que declinan
cánticos resecos
alargan su negrura
con son de piano ruinoso
restos mal formados
de un sueño no-creado,
mil
cien mil
un millón
da igual la cifra
el número es luto
para tu risa fija,
para su desastre descompuesto
para las momias acartonadas
para los maniquíes embalsamados
con una mirada de hielo
hacia el otro lado de la hoz,
tu lado
tu corazón engastado
tu respiración plastificada
silencio como gotas de sangre
gotas de sangre como rubíes abisales
cementerio de elefantes putrefactos
falso azul de horizonte defenestrado
acrópolis de osamentas
perdición de los símbolos
por el camino numerario
páramo de libélulas anatemizadas.
Hay un tufo quemado
de vertedero al abrir la puerta péndulo
báscula del destino precocinado
¡Ofrenda!
Contador Geiger
melodía crujiente
crujientita,
Buda de la Risa deshaciéndose
paraje estático de palabras suspendidas
¡Ofrenda!
Nuestro dios colapsado
nos deje repelados
mientras nos hundimos
en el santificado gel
ansia del cataclismo incorporado,
quedemos como bebés incógnitos
sin posibilidad de gestación
a lomos de avestruces mórbidos.
Del libro El libro negro de
Carlos Daminsky (España)
Publicado en Editorial Alebrijes
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