jueves, 10 de noviembre de 2016

ESE DÍA


Ese día debíamos habernos besado
pero pedí otra cerveza,
al impasible camarero.

Obedeciendo a mi orgullo,
me convertí en estatua de sal
mirando como te marchabas

Algo se rompió dentro de mí
y dobló mi espalda
cuando te vi volver.

Más supe que sería la última vez
que te vería
tan cerca de mis labios.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-

No hay comentarios:

Publicar un comentario