Se movía despacio, tanta gente. Los vendedores de comida pregonaban las mercancías: cucarachas sazonadas en chile morita, frituras de roedores saladas y picantes, al paso de los aromas y sabores las bocas paladeaba cada uno de los alimentos. La noche remplazó al día y los niveles de radiación permitieron que más personas visitaran las calles, la masa humana ya no se movía, reptaban los cuerpos hombro con hombro; algún insulto, gritos y los gamberros fueron rápidamente sometidos por drones policía. El calor de los cuerpos provocó que algunos niños y ancianos perdieran el sentido y la multitud los absorbió como un ser viviente compacto, devorando cuerpos, sueños e ilusiones de cien mil millones esparcidos en mil cuatrocientos ochenta y cinco kilómetros cuadrados.
Sergio F. S. Sixtos (México)
Publicado en la revista digital Minatura 151
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