El hombre accedió a la zona de la ciudad a la que se llega tan sólo por efectos de un error.
Pero, ¿en qué se había equivocado? ¿Dónde fue que metió la pata? Tal vez lo había engañado el color del colectivo, un vehículo que ahora no recordaba muy bien y que quizá ni siquiera había existido. O a lo mejor se había distraído en aras de un porvenir mejor, con más dinero y poder. Por qué no plantearse también la posibilidad de haber seguido a una mujer hasta perderse.
En fin. El caso es que ahora se encontraba en medio de una calle solitaria, enmarcado por una especie de neblina carente de olores y otras señales que ayudaran a identificarla, frente a varios carteles en blanco y flechas que indicaban todas las direcciones, y él debía por fuerza elegir un sentido para encarar su salida de allí, tomar partido por una de las opciones que se ocultaban detrás de lo que parecía evidente y no lo era. Comprendió que cualquier nuevo error podía resultarle fatal, y él quería salir de esa encrucijada y regresar al punto de partida, aunque en verdad no sabía muy bien por qué, quizá para tener la opción de pifiarle de nuevo a la vida y sus posibles sentidos, pues de eso y de nada más se trata este asunto del viaje que todos emprendemos alguna vez, se dijo. Hasta ahí nomás.
Mario Capasso
Publicado en Estrellas Poéticas 60
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