Miro el reloj,
volteo la cara
y vuelvo a sumergirme en el sueño.
Apacible,
humano,
me deleito en los prólogos del día.
El sueño te agarra
en lo más hondo
y aunque te da igual
el cerebro sigue activo
entre los brazos
de un tal Morfeo.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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