La sensibilidad provoca tristeza, opaca al mundo inquieto y desciende en el punto situacional de la vida deprimente. No convoca el corazón a una persona querida sino la arrastra hacia el olvido.
El corazón late menos fuerte y la respiración resulta más constante, el rostro siempre bajo con ideas de novela, recurren a unas historias que la mente solo acepta para satisfacción interna.
Comes esperanza hasta resultar un obeso para la alegría, marginas el recuerdo, y solo te refundes en un pobre escrito de tu ilusión.
Gritas inconscientemente, señalan a tu ignorancia, te encelas con ideas no aptas para tu vida.
Lloras en el rincón de un cuarto alegre, transmites y transformas tu entorno como tu carácter envejecido para el sentimiento.
Miras de reojo y lamentas ser cobarde, te enfocas a una mirada que nunca caerá en un lugar de tu existencia, amas a oscuras y solo obedeces a una pobre y arrugada alma.
ILLICH CARLOS CRUZ FERNÁNDEZ -México-
Publicado en la revista Trinando 9
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