Tú cuenca es perfecto nido de golondrina, de múcura fantasmal,
que llega hasta mi con aroma bestial y liquido mágico sublime,
ella es de textura conocida, ella es casi diosa, ella casi humana.
Todos los escombros de horas áridas entre nuestros cuerpos,
se sublimizan, y tiene sentido todo, permisiva, tan quejumbrosa,
de vientre fuerte, placentera, ella es succionadora de domable
líquido seminal de su amante: el hombre que la ama soy yo.
En cama de hierro la danza de vellos me cobija ansioso,
tan gastada tu sexualidad, como fríos recuerdos húmedos,
que me niego a sepultar en incursiones solitarias.
Tu concavidad es lugar mío, pero tuyo, ideal y cómodo,
para morir en miles de roses suicidas y atrevidos,
y resucitar en sonoras satisfacciones pidiendo vida plena,
para ser quien no soy, para ser el toro favorito de empreñe,
para saciar sed de ti y morir embriagado de tu agua sexual.
¿Dónde está la amapola de mil y cientos de colores tibios?
¿Dónde está la húmeda lengua que destila el licor sofocante?
¿Dónde está tu carne trémula, rosácea de fiera abominable?
¿Dónde estás doncella casquivana que emana miel del punto g?
Mi criatura endiosada, mi extraterrestre castradora de mástiles.
Gabriel Sanz -Sdyney-
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