¡Adiós!
Le digo a la playa, donde
todos los veranos me relajo.
¡Adiós!
Al agua verde esmeralda, agua cristalina,
ese agua muy salada y a veces con medusas.
¡Adiós!
A las olas del mar, que en mi viaje estival
siempre me acompañan.
¡Adiós!
A las gaviotas, que todas las tardes echan el vuelo,
para surcar los mares y atravesar el cielo.
¡Adiós!
A la arena de la playa, que tanto me molesta,
cuando la arenisca me pincha y me quema.
¡Adiós!
A la puesta del sol, cuando poco a poco
detrás de las sierras se esconde para así
no volver a quemar.
¡Adiós!
Al viento, ese viento que pone los pelos revueltos,
pareciendo que en lugar de pelos,
en mi cabeza tengo un sombrero.
¡Adiós!
A los protectores, que me paso el día untándome
y en lugar de persona, parezco un zombi.
¡Adiós!
Al verano, que para volver a divisar todo esto
once meses han de pasar, y peregrinando
en mis recuerdos será uno de los que querré volver
a ver, para tener un buen sombrero y ver a las
gaviotas echando el vuelo.
¡Adiós!
Joaquina Oliva -Madrid-
Publicado en la revista Arena y cal 218
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