Témome como temo a las blanduras, a las incoherencias, las verídicas disertaciones de un impoluto trasnochador. Témome como temo a las decoraciones que jalonan los desiertos recargados de los templos sin placer.
Huyo, desesperando por terminar lo antes posible, en carros que tienen las ruedas en cuadratura, en apotema, en lágrimas matemáticas, esperpénticas y difusas.
Me asusta la locura y la cordura me asusta más. Me atemorizan las palabras suaves que envenenan el aire de las plácidas discusiones, de las lascivas crónicas que se han escrito para un burdo dictador, pero, al fin: témome que la mañana se convierta en sangre y la tarde en una fina muerte y en una fría noche todopoderosa que nos halle desprevenidos, descarnados, insincronizados y destacadamente perdidos en la fiesta de los hombres.
Témome que te hayas ido cuando comience a buscarte…, a buscarte…
Julio G. del Río
No hay comentarios:
Publicar un comentario