miércoles, 4 de marzo de 2015

RENACER


Nadie nos dijo que vivir era tarea fácil, que amar también implica sufrir, que toda conquista arrastra una pérdida, que la verdad no siempre prevalece, que cada uno aprende de sus errores.
Nadie nos dijo que debíamos empezar de cero muchas veces, que la vida es un riesgo y que eso también implica perder. Nadie nos enseñó que la ley y la justicia no son lo mismo, que morimos desde el momento que nacemos, que todas las cosas que arrastramos nos impiden ser.
Nadie nos enseñó lo que era una crisis, ni una sociedad condenada, pero día a día contemplamos cómo se diezma la cultura y la sanidad en favor de la banca, cómo prevalecen las cosas sobre las personas, cómo para crear y construir se necesita la autorización de los ineptos que nada producen.
Nadie nos advirtió de que consenso se traduciría en negocio y tolerancia en reparto, de que el dinero correría, no entre las manos que trabajan, sino entre las que trafican, no sólo con drogas y personas, sino con favores. Nadie nos avisó de que el soborno y las influencias serían recompensados a costa del sacrificio de la honradez. Nadie nos puso en guardia contra las ambiciones desmedidas de corruptos y embaucadores, aforados contra la impotencia, que no la ignorancia, de los que les mantienen.
Pero aprendimos…. aprendimos a renacer.
Aprendimos a perder el miedo, a no mirar hacia otro lado, a asumir riesgos, a luchar por nuestra capacidad para decidir, a no comulgar con ruedas de molino. Aprendimos a imponer el sentido común ante la demagogia, a entender que nuestros enemigos no son los otros sino la ignorancia, a ser solidarios y no caritativos.
Aprendimos a querer a los demás por lo que son y no por lo que tienen, a entender que lo fácil es caer y lo difícil levantarse. Aprendimos a respetar las decisiones ajenas aunque las considerásemos equivocadas, a entender que no éramos perfectos y que nuestra verdad no era la única.
Aprendimos a amar sin esperar, a dar por la satisfacción de compartir, a comprender en lugar de juzgar y… sobre todo, entendimos que lo importante no era sobrevivir, sino RENACER y disfrutar de la vida. Aprendimos a vivir viviendo, a ganar perdiendo, a ser sintiendo, porque nuestra voluntad es la fuerza que nos ayuda, día a día, a transformar las adversidades en retos.

Ana Cristina Pastrana (León)
Publicado en la Revista Aldaba 25

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