viernes, 6 de marzo de 2015

EL NIÑO QUE SOÑABA…


El niño quería ser grande como su papá aunque era feliz siendo niño porque sus papis le querían, lo pasaba muy bien en el colegio, tenía amigos y juguetes…
Una vez soñó que su caballo de cartón se hacía de carne y galopaba y galopaba.
Cuando despertó, el caballo seguía siendo de cartón… pero, ¡oh coincidencia!, a los pocos días, su papá, sin que él hubiera dicho nada, reunió a toda la familia, fue con ella a una granja en la que había un caballo de carne, grande, blanco, hermosísimo, y cabalgó en él subido a la grupa junto a su padre. El niño imaginó que eso le había ocurrido porque antes lo había soñado. Intuyó que, un poco, lo que pasaba en sus sueños era luego verdad.
Entonces probó a fantasear con su tren eléctrico. Soñó muy fuerte que el tren, se hinchaba, se hinchaba, crecía, crecía, se hacía muy grande, tanto que se subió en él y un maquinista muy alegre de bigotes muy largos le llevaba hacia el mar. ¡El mar! Sólo lo había visto en la televisión. ¡Qué alegría! Al despertar se dio cuenta de que el tren no había crecido y, mira por dónde, ese mismo día se presentó en casa su tito el relojero con su primo para llevarlos a… ¡un pueblecito de la costa! y… ¡en un tren de verdad! Estaba muy claro que si él se proponía soñar muy fuerte sobre algo… de un modo u otro luego ocurría.
Él quería ser grande como su papá. ¿Por qué no sueño con ser un hombre? Y se propuso soñar muy fuerte, muy fuerte, que él era un hombre. Lo soñó mil veces y con mucha fuerza… pero el sueño se le resistía y siempre se despertaba siendo todavía niño.
Pasaban los días y por mucho que lo intentaba… no, nunca. Fue pasando el tiempo… el tiempo… y él no dejó de intentarlo, hasta que un día comprendió que su sueño se había realizado porque realmente ya era mayor.
Cuando pensaba que ahora iba a ser feliz, se dio cuenta de que los mayores eran monstruosos y muy complicados, que habían hecho mal pero que muy mal su mundo, que en una parte de la tierra se peleaban con guerras de verdad hasta matarse, que en otras muy lejos permitían que las personas murieran de hambre, y, ya más cerca, que sólo trabajaban mucho y no tenían tiempo para jugar ni estar con los amigos, que fumaban, que se decían mentiras… eso no le gustaba. Intentó comprenderlos… pero no podía y se fue llenando de tristeza. Él no quería estar triste pero no sabía cómo salir de la tristeza. Entonces se le ocurrió soñar muy fuerte, muy fuerte que quería volver a su mundo de antes, a donde él vivía cuando era pequeñito.
Así es cómo, el niño que soñó que quería ser un hombre, se convirtió en el hombre que soñaba con ser un niño.

Pepe Bravo (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 25

No hay comentarios:

Publicar un comentario