sábado, 7 de marzo de 2015

EL HOMBRE QUE VEÍA EL FUTURO


Un día despertó, en mitad del mayor de los asombros
e inmerso en una inconmensurable confusión. Sintió
que se había vuelto loco y a punto estuvo  de poner
fin a su vida, aunque advirtió que por más que lo hubiera
intentado le  habría sido imposible,  ya que podía  ver
cuándo, cómo y dónde  moriría y, por si esto fuera poco,
podía a su vez  ver  lo que les reservaba la  vida a cuantas
personas le rodeaban, pero ello  sin la facultad de cambiar nada.
Sólo podía resignarse y callar, ya que nadie lo hubiese creído.
Veía pues todo con cien años de antelación, por lo que todo se
le hizo desolador e intrascendente, especialmente las personas,
ante las cuales sentía una infinita compasión  y, en especial,  por los
que acababan de nacer.
Quieran las fuerzas  invisibles del cosmos que, nadie sabe por qué ni
para qué, de tiempo en tiempo, y en estado de absoluta ebriedad, suelen
jugar  con la especie  humana  y elegir a uno de sus miembros  para
otorgarle esta  indeseable  facultad, que tú nunca  seas uno de los elegidos.

Del libro ADIVINANZAS INADIVINABLES de JUAN CERVERA -México-

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