Te escupieron antes de nacer
y fuiste un culo de botella
con las palmas de las manos hacia arriba.
Diste besos surrealistas con voz de luciérnaga
babeaste en las palmas de las manos de quién chillaba mientras comías
atacaste la pituitaria de tus amigos mostrando espejos en las caras de todos enseñando infancias de zapatos torcidos.
Azotaste besos porque no te enseñaron las mejillas cuando debieron.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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