miércoles, 9 de julio de 2014
SONETO
Nunca se vio la tierra tan querida
ni la colina humilde, que, latente,
buscaba en su existir, mudo y ausente,
el buen cantar de alguna voz dolida.
El olmo seco siente la subida
en savia vertical, de brote ardiente,
que triste maduró sin ser presente
en esa primavera verdecida.
Roquedas, sierras, encinares, chopos,
están en su relato con hondura
para arrancar al yermo su paisaje:
páramo de blancura, prietos copos
donde el invierno crece y aun perdura,
siendo el estío pobre de ropaje.
Del libro EL VAHO EN LOS ESPEJOS de Dionisia García
Publicado en Un día es un día Ágora
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario