martes, 8 de julio de 2014

MORDIENDO BESOS


Acudo a respirarte bien temprano
y llevo involucrado hasta los dientes,
un tácito disturbio:
Yo voy mordiendo el beso
que lleva la perversa, la dañina,
la que nos dio el oscuro
de cerrar la cintura de tu boca
en la insana razón de conquistarte
y disputar el labio contra labio
viajando hacia la brasa, y el ansia de vivir
como viven las rosas sus púrpuras de asfixia.
Bien sé que esta es tu noche y es la noche mía:
no sé donde encontrarte
ni en qué lugar pedirte
de la sombra enlutada,
y pues no encuentro a ver el cauce de tus ríos,
te detengo en la flor de la glicina
que funde sus fronteras en el aire;
en ellas me regalas
la prisa de los besos, la sal para las nieves,
y hasta la misma mano que ampara los crepúsculos,
TÚ, también me regalas.
Y sin embargo, apenas me conformo:
largo de oscuridad me vence el verbo
de luto intransitivo.
No tengo el corazón de las palabras
y voy ¡Mordiendo un beso!

Esther González Sánchez -Vigo-España-
Publicado en Nevando en la Guinea 38

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