lunes, 21 de julio de 2014

MI TROCITO DE BIZCOCHO


En este mundo de paradojas, papá suele decir que el mejor día de vacaciones es el último de trabajo. Pues bien, a él ya se le pasó ese día porque hoy hemos comenzado las nuestras. Estaremos una semana en esa isla mágica que responde al nombre de Gran Canaria. Será en sus playas del sur, y más concretamente en un hotel con ambiente africano que está lleno de figuras de animales. Hay elefantes a dieta, jirafas con tortícolis, cebras en pijama, visones con abrigo de visón… Si no fuera porque lo acaban de inaugurar y las plantas no han tenido tiempo de crecer, parecería que estamos en la selva.
Por cierto, llamándome como me llaman, en él he conocido a mis árboles favoritos: los baobabs. Sé que el Principito original –el protagonista de ese libro que tanto les gusta a mis papás- los consideraba una mala hierba, arrancándoles del asteroide que habitaba para evitar que sus raíces lo destruyesen… Pero hoy me he reconciliado con ellos a través de este pacto: si vosotros me dais sombra, yo os riego con el agua de mi regadera.

Del libro Nanas para un principito de MANUEL CORTÉS BLANCO

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