Sus ojos ardieron como un pájaro el mar
y relumbraban sus iris en las redes.
Ave que adentraste tu boca al naciente de la orilla,
por debajo de las olas saliste a navegar.
Y un coral de espuma en las sombras cabalgó,
marcando con tus pasos las rutas de ese mar.
Marinera de agua fresca, hombros acuáticos del velo azul,
tu pecho triza el agua y le vuelve pleamar.
Marinera de bajeles,
navegas en mi canto y navegas el amor.
Del libro Poemas íntimos de
SALVADOR PLIEGO
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