Llenas las manos de conchas.
Tarde estival.
Rayos de sol caen oblicuos
quemando pieles en la arena.
Figuras del paisaje,
tumbadas en el suelo
y a lo lejos de la playa
un hombre a cuatro patas.
Caminan señoras y señores
descalzos por la orilla.
Las olas acarician sus piernas,
los niños entorpecen los pasos.
Pequeñas figuritas.
Quizá no tenga ningún sentido.
Figuras todas en un espacio.
Subacuáticas figuras.
Acústicas del aire.
Miro sin ver…
No hay conchas en las manos.
Sólo veo figuras que van y vienen.
Pasan de largo sin reparos.
Quizá el vivir sea eso
y la respuesta esté en las figuras.
Cuestionar hago la existencia
como extraña figura abstracta.
¿Sin razón ni sentimiento?
Pienso.
Figuras y más figuras.
Toda rodeada de figuras.
Torbellinos de círculos rodantes.
Seres con piernas,
maduros y jóvenes,
animales y árboles,
ladrillos y metales…
¡Y más figuras!
Movimientos alternados,
sin saber lo que se vale.
Travesía larga y ciega.
Hoy aquí.
Mañana nada.
Otras figuras.
¿Y yo que soy?
¿También una figura?
o tal vez, no exista.
Mas letras hallo…
¿Será, pues, que ruedo?
¡Curioso!
Ana Maria Lorenzo
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