sábado, 5 de julio de 2014

ESTEPA


“La culpa de la mirada
sustituye la inocencia de lo mirado”.
Al voltear hacia arriba somos nosotros
quienes vemos al árbol
porque nunca nos han mirado ni la luz,
ni el agua,
ni los árboles que amamos.

Todo fluye más allá de nosotros
y más allá de nuestra voluntad,
reinicia o acaba.

Así, la palabra se prolonga en el metal,
se expande en el agua
          y rebota en el paisaje lunar del peltre.
Tallada en mesas y troncos,
también es visible en la piedra.

De una palabra puede quedar otra
o ser sólo una suma sencilla
que apunta hacia el eje:
banqueta, mesa con sillas,
agua en el canal,
ese muro.*

Claudia Hernández de Valle-Arizpe -México-
Publicado en Periódico de poesía

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