Llegó a la vida con el tango puesto;
lo demás fue destino saavedrense:
el fervor futbolero por platense,
la fidelidad a lo que es nuestro.
Su canto nace puro en la vertiente
de su fraseo modulado en lunas,
azula el empedrado, y ya no hay duda:
el “Polaco” es del barrio y de su gente.
Cuando el abierto patio sea recuerdo
—sombra agachada en la memoria—,
y el último gorrión haya emigrado,
Buenos Aires guardará su historia:
su voz vendrá por cielos del pasado
a reafirmar qué somos y hemos sido.
Del libro Cielo de Coghlan de RUBÉN DERLIS -Argentina-
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