martes, 8 de julio de 2014

EL ENCUENTRO 2ªPARTE


(…) empezaron a entremezclarse recuerdos agridulces en mi mente, pero en absoluto de manera confusa, sino más bien de forma clara y precisa. Y solo entonces pude ver de nuevo su lado más ruin, el que me alejo de él. Su mirada fría y controladora, su tremendo egocentrismo, su manera de gritarme y de chantajearme psicológicamente cada vez que le interesaba. En apenas un minuto cambié su imagen por la del chico que me había demostrado respeto y apoyo incondicional durante más de un año, ese chico cariñoso y dulce que me hacía reír a todas horas sin esperar nada a cambio. Si, Marcos tan solo formaba parte de mi pasado, y quizás aquel encuentro tan solo había servido para confirmarlo. Ahora tenía una vida propia, en la que yo era la que decidía el camino a recorrer, en la que nadie observaba como lloraba sin él mostrar emoción ninguna, pues esas lágrimas se habían ido con él, con sus gritos, con su crueldad. En un gesto instintivo le aparte de mí, ni siquiera fue de manera brusca, eso sí, con una decisión que quizás el nunca esperaría. Él era el mejor, el que había deseado que la vida me castigase de por vida, el que utilizaba la humillación para someterme.
Ahora era fuerte. Sin olvidar mi parte de niña, había potenciado la mujer que llevaba dentro, hasta el extremo de saber sin lugar a dudas que en ese momento, él tan solo era un monigote sin cabeza, con el mismo aburrido discurso. Miré un instante mi mano, y recordé la única caricia que había recibido de Alex, la que realmente me había producido los anteriores estremecimientos. Me levanté, ni tan siquiera estaba enfadada, era lo suficientemente fuerte como para eso.
-Sabes, eres un patético chupasangres que jamás en tu vida has sabido valorar a una mujer porque para ti somos objetos a utilizar. Te disfrazas de ridículos papeles con los que no engañas a nadie, excepto a ti mismo. Tienes razón, me perdiste, aun cuando en mi interior ya no era tuya, y es lo mejor que me ha pasado. Sigue tu camino lleno de mentiras y de victimas dejadas a tu paso, recibirás lo que has dado, nada.
Tan solo tuve que darme la vuelta y caminar mientras su verdadera vena salía a relucir, aquella que sabía fingir que no existía durante un tiempo limitado, la que le empujaba de manera natural de nuevo al chantaje emocional. Ni tan siquiera me giré, tan solo sonreí. Fui a la taberna donde Alex pasaba un rato cada tarde, a solas, leyendo. Simplemente me senté junto a él, las palabras no hicieron falta, tan solo mi mirada frente a la suya. Es verdad, cuando el amor es sano y puro, no hace falta expresarlo a través de las palabras (…)

ANNA LAFONT
Seleccionado por Martín Molina García

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