domingo, 6 de julio de 2014

EL CENZONTLE EMBALSAMADO


Te fuiste de un reflejo,
Dejando en mi ojo
Desdichas a manojo.
En aquellos ayeres memoriosos,
Tu presencia desvanecióse,
Y así de lánguidos se quedaron
Mi cenzontle y mi caverna,
 L
A
G
R
I
M
E
A
N
D o sus hoyes jubilados sin tiempo.
y allí en el pecho,
Pervive afónico el canto
Y SE R E V U E L C A implícitamente
En mañanas prisioneras aún
 En las garras decididas de la medianoche.

¡Oh Majakech, palmera frondosa!
Ten por bien sabido
Que la luz me habita
Pero de espaldas;
Que tu presencia se olvida
Mas intensifica tu existir,
Y tan solo la Luz Inigualable,
Y altamente calificada,
 Es mi único elixir.

Rachid Boussad
Publicado en la revista Nevando en la Guinea 35

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