Esta tarde
la palabra
se hizo espuma,
entre la sal
y la arena,
tu cariño
encerró el calor
casi esclavo
de un un furtivo
y fugitivo beso;
para sembrar
una esperanza
bastó ese único beso
que liquidó la palabra
y la ilusión gobernó
en su podio de silencio.
Ayer,
fue todo distinto,
la rosa roja
que encendió tu pelo,
la que corté
de mi jardín
de ensueños,
tornándolo azul grana
de brillo diferente,
fue sendero
de mis manos
ardientes
de caminos
desbordando
huellas
hasta llegar
a tus senos
sedientos
del calor
de un tímido beso
que posé en tu piel
para despertar tu aurora.
Mañana,
habrá alborada
de luces
azules del oriente,
habrá simiente
de verbena
en tu mirada;
lo presiento
en mi corazón
que está de fiesta,
habrá simbiosis
de tu cuerpo
con mi piel,
como luna
de miel
del surco
y la semilla.
Habrá lluvia,
mi amor,
y nuestros cuerpos
rodarán
mojados por la arena...
RICARDO FLORES JOYA -El Salvador-
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