Es la palabra el amanecer con tanta ternura prendida
a la tierra húmeda, a veces impasible y siempre bella,
como cuando tiemblan los cuerpos enredados,
tendidos en la madrugada.
Hoy, en la vida de ojos abiertos
no hay lugar para contar las ausencias.
Me dejo caer
y la memoria queda en un olvido extraño,
vuelo de pájaro cantando sin horas
el eco del mundo clamando que ama existir
y con eso le basta.
Nada importa,
ni lo perdido, ni lo pasado.
Acaricio lo que amo.
Mónica López Bordón -Las Palmas de Gran Canaria
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