martes, 21 de mayo de 2013

INUTILIDAD DE LAS CERRADURAS


Érase un país sin muros ni fosos, con casas sin puertas y ventanas carentes de postigos. Las personas fluían sin serles requerida identificación, sin pedir permiso, sin golpear campanillas. Si alguien tenía apetito y olía un guiso, pasaba y se sentaba a una mesa y era bienvenido. Si se trataba de otro tipo de apetencias de la carne, se introducía en el lecho siempre amable de cualquier vecino o vecina. Quien precisara satisfacer orgánicas necesidades intestinales acudía presto a un baño de paso en su camino. Eso no avergonzaba a nadie…

Un día, de tránsito por ese territorio, arribó un vendedor de candados, picaportes y llaves.
Hicieron con esos elementos preciosos adornos, como aretes y portalámparas. Y hasta instrumentos musicales.
Si no los hubiese vendido, tampoco habría padecido hambre, ni sed, ni frío, ni soledad.

Nanim Rekacz -Argentina-
Publicado en la revista Ficciones Argentinas

No hay comentarios:

Publicar un comentario