Es tiempo de decir que la esperanza ha muerto.
Es tiempo de desandar la vida, en el caparazón
de la noche si es preciso, sin vigías en la espalda
y en la epidermis
creciendo hieles a destiempo.
Es hora.
Ya las libélulas nos darán el láudano dorado
brotando de las amatistas, el alerce
su aroma blanco envejecido.
No podemos esperar
a que el cantero talle gota a gota la escarcha
el jardinero pode el marzal
o el marinero alfombre la marea.
¿Acaso no veis que el corazón se encoge,
nos cortan las manos
y nos quitan el aire aún verde de los ojos?
Florentino Gutiérrez Gabela -León– España-
Publicado en la Biblioteca
No hay comentarios:
Publicar un comentario