Mi amigo tenía un cuaderno alargado
de hojas impolutas y célebres.
Mi amigo grabó para siempre
en la retina de la rutina,
libretas de hojas
impolutas y célebres.
Pintó en un segundo,
cada segundo de la espera,
cada gesto
cada grano de la ropa
cada bosque zigzagueante
cada furia contenida.
Cada libreta de mi amigo
enaltece un tiempo que no existe
un tiempo que son cientos de esperas
que son ojos como toldos desnudos
ahítos y colgados de la nada.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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