Hola,
soy el vecino al que una madrugada
de mil novecientos ochenta y tres,
Panero,
señero poeta errante
para el que el proletario es transparencia,
despertó llamando inconsciente a la puerta de su domicilio.
Panero,
beodo y múltiple,
triste tan triste,
Panero de ojos de cordero degollado,
nariz cosida como a lametones
y boca de loco,
de loco sin dientes,
Panero,
llamó una noche,
noche de boca de lobo,
para pedirme fuego
para su cigarrillo carmesí.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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