(I)
Por cada calle atípica y oscura
de nuestras viejas citas, hoy rastreo
tu sombra y tu fragancia, y balbuceo
cada frase de ayer, que en mí perdura.
Cada donaire, cada travesura
cada frivolidad o titubeo,
renacen a mi paso, revoleo
de calandrias en íntima conjura.
Casi vas a mi lado, casi estrecha
mi brazo tu cintura, y cada fecha
del pasado lejano es hoy, ahora.
Apenas miro en derredor; retengo
cuanto fuiste y logré, por eso vengo,
a ejercitar la mente soñadora.
(II)
Pero también te encuentro en el gentío,
y en la plaza mayor, y en la alameda,
por donde aún vas, con ese andar de seda
ajeno a ruido y huellas. No hace frío
junto a ti en este invierno tan sombrío,
ni me moja la lluvia, ni se enreda
a mis piernas el viento, ni se hospeda
dentro de mí cuanto no es tuyo y mío.
Voy solo, mas contigo. Se adivina
que, invisible, un espíritu camina
indefectiblemente a mi costado.
Tal vez porque en mi propio sueño inmerso,
te canto, te sonrío, te converso,
viéndome los demás enamorado.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los -Ángeles-
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