jueves, 16 de agosto de 2012

LA GUERRA INTERMINABLE


(Fragmento)

 -Esta noche les mostraremos ocho maneras silenciosas de matar a un hombre. Quien hablaba era un sargento que parecía llevarme apenas cinco años. Si alguna vez mató a algún hombre en combate, en silencio o como fuera, habría sido en su niñez. Por mi parte conocía ya ochenta maneras de matar a un hombre, aunque casi todas eran bastante ruidosas. Adopté una postura erguida, puse cara de cortés atención y dormité con los ojos abiertos. Casi todos hacían lo mismo; ya sabíamos que nunca se aprendía nada importante en esas clases vespertinas. Me despertó el proyector, que pasaba una película breve donde se veían las «ocho maneras silenciosas». A algunos de los actores les habrían lavado el cerebro, pues los mataban de veras. Al acabar la proyección una de las muchachas sentadas en la primera fila levantó la mano. El sargento le hizo un gesto y ella se puso en pie. No era fea, aunque sí algo cargada de hombros y gruesa de cuello, defecto que cualquiera adquiere tras pasar un par de meses cargando un bulto pesado. —Señor... Había que llamar «señor» a los sargentos hasta graduarse. —Señor, casi todos estos métodos parecen un poco... poco tontos. —¿Por ejemplo? —Pues... matar a un hombre dándole un golpe en los riñones con una herramienta para cavar trincheras. ¿Cuándo en la vida real nos vamos a encontrar sólo con una herramienta, sin pistola ni puñal? ¿Por qué no liquidarlo de un golpe en la cabeza, simplemente? — ¿Y si tiene el casco puesto? —objetó el sargento. —Además, ¡quizá los taurinos ni siquiera tienen riñones!

Joe Haldeman (Oklahoma City, 1943)
Publicado en la revista Minatura 120

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