miércoles, 15 de agosto de 2012

EL CUERVO


7 de octubre de 1849

Hace ya dos años de la muerte de mi Virginia. Pese a los esfuerzos por olvidarla la mezcla de drogas y alcohol no son suficientes, no logro apartarme su hermoso rostro de la mente.

Es una noche extrañamente calurosa para la época del año, lo que da lugar al molesto y pegajoso sudor que baña mi camisa.

Me acerco a la ventana y la abro de par en par, no noto ni la más insignificante brisa, la atmósfera a mi alrededor es angustiosa. El punzante dolor de cabeza que me acompaña desde hace días no desaparece. Veo caer una pluma negra a mi derecha. Ni rastro del dueño ¿Me estoy volviendo loco? Miro el cristal del ventanal, mis ojos cambian, se tornan amarillentos, salvajes. Mi cara se deforma. Caigo al suelo empujado por el espantoso dolor. Más plumas empiezan a aparecer como brotando de mi ser. Edgar desaparece y solo queda el cuervo. Nunca más.

AZAHARA OLMEDA

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