Los grandes árboles, dignos y orgullosos braman contra el viento
pero son arrancados de su raíz por los temporales.
Sin embargo las palmeras, conscientes de su limitada fuerza
resisten haciendo de su debilidad virtud
y como en las artes marciales
que se aprovechan del esfuerzo del atacante
para volverlo en su contra
saben adaptarse a las distintas ráfagas
dejándose acariciar por su furor irracional
pero sin plegarse del todo.
Así también la mujer
en su compromiso con la vida que
conlleva su condición femenina
sabe resistir la violencia sin asumir
ninguna derrota como definitiva.
Lo masculino en la gloria o en el fracaso, perece en
su obstinada estupidez, mientras que lo femenino
adaptándose a los cambios, se salva
porque prioriza sobre todo lo demás
la capacidad de germinar vida que lleva en su interior.
Conservar la vida es más fuerte que las ideas y valores
aristócratas o burgueses, tales como
el orgullo el honor y la dignidad
porque fuera de la vida, esos principios
solo son poses de macho que, no significan nada.
Lujos en cualquier caso que
solo se pueden permitir los hombres
en una sociedad creada y gobernada por hombres.
Vejadas, golpeadas, masacradas y violadas
por la brutalidad sin razón de la guerra masculina
las mujeres siempre han vuelto a hacer renacer la vida
sobre la tierra quemada.
Son ellas las que para salvar la vida del ser que
el guerrero invasor o el conquistador
han dejado en su vientre
vuelven de nuevo a sembrar sobre las cenizas.
Porque una sabiduría natural les ha hecho comprender que
solo sobrevive lo que es flexible
que mutar es la ley de la vida y que el que resiste perece.
Ellas no se pueden permitir el papel grandilocuente del héroe.
Lo femenino no encaja con los grandes gestos de la heroicidad
marcados por los valores de lo masculino.
Su heroicidad radica en la conservación, día a día, de la vida.
Nada más ajeno del sentir de la mujer que la frase:
“más vale morir de pie que vivir de rodillas”
Para la mujer, ser héroe, es cosa de machos alucinados
casi siempre estúpidos y en ocasiones simplemente tontos.
Alberto López
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