lunes, 29 de octubre de 2018

EL REFLEJO


Retomo la niñez
para subir al caudaloso
planisferio de la inocencia
-lugar donde la noche es un regazo
en que se ahorma el día-,
y allí se me abre el cáliz del amor,
su innumerable espora o
el alba incontenible de los sueños.

Sobre las losas de pizarra,
el alma reproduce
esta visión del patio:
escaños, abalorios, tizas...,
cosas que inundan el perfil
borroso de una gran rayuela.

Detrás, en las profundas
alcobas de la casa,
la leña del hogar, el dulce
aditamento de la risa,
la pátina del beso, la amorosa
caricia de una extensa madre...

¿Madre?
¿Quién habita la casa sino el pálido
 reflejo de una triste luna?

Del libro Hojas lentas de otoño de Mariano Estrada 

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